Pau sufre, Ricky ilusiona
Después del pesadísimo culebrón, la temporada de la NBA se presentó a lo grande el día de Navidad. Habitualmente, un solo encuentro y si encima es el primero, no debe empujar a sacar grandes tratados ni verdades irrefutables, pero tampoco se trataba de intrascendentes partidos sin más intención que echar a andar la competición. Por el día que se trataba, la expectación creada, el ser retransmitidos a través de la televisión nacional, los enfrentamientos escogidos o la historia que rodeaba a cada uno de ellos, era una jornada ideal para enviar mensajes. Cada uno tenía el suyo.



